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Consumo problemático en la empresa y en el colegio: lo que nadie enseña a detectar

Ricardo Manzur Carrasco12 de octubre de 2026 · 9 min lecturaRevisado por Héctor Marín (consejero terapéutico) y Danilo Méndez (psicólogo)
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Consumo problemático en la empresa y en el colegio: lo que nadie enseña a detectar

El uso problemático de sustancias está en las empresas y en los colegios de Chile. Está dentro de los equipos de trabajo, en los pasillos de los colegios, en horario laboral y en hora de clases. En la mayoría de esos espacios, nadie lo nombra.

El Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) registra que una parte importante de la población con uso problemático de sustancias está activa laboralmente o en edad escolar. Las sustancias no detienen la vida de quien las consume: la complican desde adentro, en la concentración, en el ánimo, en el rendimiento y en las relaciones cotidianas.

Quienes rodean a esa persona —jefes directos, docentes, orientadores, apoderados— notan algo sin saber bien qué hacer con eso. Nunca les enseñaron a distinguir una mala racha de un patrón que se está instalando, ni les dieron una forma de abrir esa conversación sin fracturar lo que ya están construidos. El uso avanza mientras nadie se mueve.

Lo que ocurre dentro de las empresas

Las alertas que los equipos aprenden a ignorar

El uso problemático de sustancias en el mundo laboral rara vez tiene una presentación dramática. Llega como ausentismo intermitente, errores que antes no existían, llegadas tarde con cierta regularidad, episodios de irritabilidad que el equipo aprende a esquivar. Con el tiempo, esas señales pasan a ser ruido de fondo.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que el consumo de alcohol y otras sustancias genera pérdidas medibles de productividad a escala global, con impacto directo en accidentes, ausentismo y rotación de personal. En Chile, el alcohol sigue siendo la sustancia de mayor prevalencia en la población adulta activa, según los estudios periódicos de SENDA sobre población general.

Los equipos perciben esas señales, pero la mayoría de las organizaciones chilenas no tiene una ruta definida para responder cuando las ven.

La trampa del silencio directivo

Un jefe de área que nota que un colaborador llega con signos de haber consumido, o que registra episodios de irritabilidad repetidos semana a semana, enfrenta una decisión incómoda: abordar el tema y arriesgarse a fracturar la relación, o esperar que la situación se resuelva. La mayoría espera, y lo hace sin indiferencia —simplemente porque nadie le dio pautas para hacer algo distinto.

Ese jefe nunca recibió formación para esa conversación. Sin ella, el silencio termina siendo la salida que menos daño parece provocar. La identificación temprana y la derivación oportuna no forman parte de los programas estándar de formación para líderes en Chile.

Lo que cuesta no actuar

Cada mes sin intervención tiene consecuencias reales. El uso sin identificar escala. Los conflictos internos, los accidentes y los despidos llegan cuando el cuadro ya está avanzado. Una conversación a tiempo —bien orientada, sin confrontación— puede frenar ese avance mucho antes de que el daño se vuelva difícil de revertir.

La evidencia sobre intervenciones breves en el entorno laboral es consistente: abordar el problema en fases tempranas reduce la progresión hacia la dependencia. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) catalogan este abordaje como uno de los más costo-efectivos disponibles en salud pública, con eficacia documentada tanto para el alcohol como para otras sustancias.

Cómo se hace bien la primera conversación

Intervenir a tiempo en el trabajo no es un interrogatorio ni una acusación. Una conversación bien conducida empieza con observación concisa —lo que el líder vio, no lo que supone— y se plantea desde la preocupación genuina, no desde la norma. Hay una diferencia entre decir «has llegado tarde tres veces esta semana» y decir «noto que algo no está bien y me preocupa». La segunda abre un espacio. La primera lo cierra.

No hace falta ser terapeuta para hacer bien ese primer paso. Se necesitan parámetros básicos y algo de práctica. Un líder de equipo que sabe cómo abrir ese diálogo y a dónde derivar después puede ser, en los hechos, quien cambia la historia de un colaborador.

Lo que ocurre dentro de los colegios

Adolescencia o consumo: por qué se confunden

El cerebro adolescente está en construcción activa. La corteza prefrontal —la región que regula el juicio, el control de impulsos y la evaluación de consecuencias— no completa su desarrollo hasta aproximadamente los 25 años. Eso no es una metáfora ni una exageración: décadas de investigación en neurociencia del desarrollo lo respaldan (Steinberg, 2008; Casey et al., 2008).

Para los colegios, ese dato cambia la lectura de varios comportamientos. Los adolescentes son biológicamente más vulnerables a iniciar uso de sustancias y a escalar hacia patrones problemáticos con mayor velocidad que un adulto. Un inicio temprano con alcohol o cannabis aumenta de forma estadísticamente significativa el riesgo de desarrollar un trastorno por uso de sustancias en la adultez, según datos del National Institute on Drug Abuse (NIDA) de los Estados Unidos.

Lo que docentes y apoderados no saben distinguir

Un adolescente que empieza a consumir de forma problemática muestra cambios que los adultos a su alrededor atribuyen a la etapa: retiro social, modificación del círculo de amigos, caída en las notas, irritabilidad, alteraciones del sueño. Todo eso puede responder a la adolescencia, o puede ser la cara visible de un consumo que se está afianzando.

Distinguir una cosa de la otra exige referencias que profesores y apoderados raramente tienen. No es un tema de compromiso: es que nadie se las enseñó de manera práctica y accesible. La diferencia entre actuar a tiempo o tarde suele estar en esa información que no llegó.

El Estudio Nacional en Población Escolar de SENDA muestra que la edad de inicio de consumo de alcohol en Chile se ubica en la adolescencia temprana, y que una parte significativa del consumo juvenil ocurre en contextos que incluyen el grupo de pares, dentro y fuera del colegio. El establecimiento no es solo el lugar donde el problema se vuelve visible: es uno de los espacios donde puede intervenirse antes de que se afiance.

Cuándo el colegio tiene que moverse

Para que un colegio pueda responder, necesita una ruta definida: quién observa, quién inicia el contacto con la familia, quién deriva y hacia qué recursos. Sin esa estructura, cada caso depende de la iniciativa individual de un docente o un orientador que tampoco tiene claro qué hacer. La mayoría termina esperando que el problema se resuelva solo o que la familia lo traiga.

Un protocolo de acción no convierte al colegio en un servicio de salud. Lo convierte en un espacio que sabe reconocer una señal y tiene claro el paso siguiente. Esa distinción importa: muchos establecimientos no se mueven porque creen que hacerlo implica diagnosticar. El colegio no tiene que diagnosticar a nadie. Su función termina antes: ver, acompañar y facilitar el acceso a quien sí tiene esas competencias.

Derivar sin romper la confianza

Tanto en la empresa como en el colegio, el freno más frecuente para actuar es el miedo a dañar lo que ya está construido. El jefe que toca el tema con un colaborador teme parecer autoritario; el docente que llama al apoderado teme generar alarma sin fundamento. Ese miedo tiene sentido, y no desaparece solo con buenas intenciones.

Una derivación bien conducida no fractura la confianza. Cuando parte desde el cuidado y con información precisa sobre adónde ir, puede ser el punto de inflexión en la historia de esa persona. Quien la conduce solo necesita saber que su rol termina en el acompañamiento, no en la resolución del problema.

El adulto sin mapa

Detectar no es diagnosticar

En el trabajo y en el colegio el esquema es el mismo: alguien nota algo y no sabe qué hacer con lo que está viendo. Ese adulto no necesita volverse especialista. Le basta con poder leer una señal, abrir la conversación sin romper lo que hay, y tener claro adónde derivar en Chile.

Esa separación importa. Mucha gente no se mueve porque cree que moverse implica estar segura de lo que está pasando. No es así. Quien observa, nombra y facilita el acceso a ayuda no está diagnosticando a nadie. Solo está haciendo lo que el especialista no puede hacer desde adentro: ver lo que ocurre antes de que llegue a una consulta.

Una habilidad que se aprende, no un instinto

La capacidad para identificar alertas de consumo, iniciar una conversación de cuidado y facilitar una derivación oportuna no es algo con lo que la gente nace. Se aprende. Y puede transferirse en 60 minutos a un equipo de recursos humanos, a una sala de profesores o a un grupo de apoderados.

Las charlas de Zona Cero trabajan desde ese punto: entregan parámetros con base clínica combinados con testimonios reales de recuperación. La investigación sobre reducción del estigma muestra que el relato en primera persona de alguien que atravesó una adicción y se recuperó es uno de los recursos más efectivos para mover actitudes en un grupo —más que las estadísticas por sí solas. Las charlas las conducen Nelson González, fundador de SinAdicciones.org y autor de El Principio del Mapa Inverso, y Ricardo Manzur, periodista especializado en salud mental y adicciones.

Lo que cambia después de una charla sobre consumo problemático

Una sesión de prevención en una empresa o en un colegio no resuelve el caso de nadie en particular, pero cambia algo más amplio: qué se nombra, qué se normaliza y qué se deriva en ese espacio. Cuando ese giro ocurre en un equipo de trabajo o en una comunidad educacional, el lugar completo empieza a funcionar como red de detección temprana.

Los participantes terminan la sesión con parámetros para distinguir alertas, una forma de iniciar la conversación y una ruta hacia ayuda especializada. La combinación de evidencia clínica y relato personal es lo que mueve actitudes —no solo amplía información.

La OPS documenta que los entornos laborales y educacionales que implementan programas de prevención y detección reducen la progresión hacia el consumo dependiente y recortan los costos asociados a ausentismo, bajo rendimiento y deserción escolar. Llegar antes siempre cuesta menos que reparar después.

Si tu organización, colegio o municipio necesita esta conversación, puedes solicitar una charla de Zona Cero aquí. Las sesiones se adaptan al contexto de cada institución: empresa, establecimiento educacional, municipio u organización comunitaria.

Si necesitas orientación para una derivación a un centro de tratamiento especializado, el directorio de SinAdicciones.org tiene más de 130 centros verificados en 16 regiones de Chile.



Fuentes y referencias

Instituciones nacionales e internacionales

SENDA. Décimo Segundo Estudio Nacional de Drogas en Población General de Chile. senda.gob.cl

SENDA. Estudio Nacional en Población Escolar de Chile. senda.gob.cl

Organización Internacional del Trabajo (OIT). Alcohol y otras drogas: su impacto en el trabajo. ilo.org

Organización Panamericana de la Salud / OMS. Intervenciones breves para el uso problemático de alcohol y otras sustancias. paho.org

National Institute on Drug Abuse (NIDA). Principles of Drug Addiction Treatment: A Research-Based Guide. nida.nih.gov

World Health Organization. Global Status Report on Alcohol and Health, 2019. who.int

Referencias científicas

Steinberg, L. (2008). A social neuroscience perspective on adolescent risk-taking. Developmental Review, 28(1), 78–106.

Casey, B.J., Jones, R.M., & Hare, T.A. (2008). The adolescent brain. Annals of the New York Academy of Sciences, 1124(1), 111–126.

Babor, T. et al. (2007). ASSIST: The Alcohol, Smoking and Substance Involvement Screening Test. Manual para uso en atención primaria. OMS.

Explora centros de rehabilitación verificados →Corrigan, P.W. et al. (2012). The impact of mental illness stigma on seeking and participating in mental health care. Psychological Science in the Public Interest, 13(2), 37–70.


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Contenido revisado por

  • Héctor Luis Marín Mata

    Consejero Terapéutico en Drogodependencias (Nivel I). Certificado N.º 0026N1 — formación FUCLA / FLACT / CICAD-OEA.

  • Danilo Fernando Méndez Méndez

    Psicólogo (Universidad Academia de Humanismo Cristiano). Terapeuta en Acompañamiento Transpersonal en Conductas Dependientes.

Última revisión editorial: 12 de octubre de 2026.

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