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Solabarrieta, la ibogaína y el tratamiento de 10 días

El 30 de septiembre, Fernando Solabarrieta confirmó que viajará a la clínica Beond de Cancún a tratarse con ibogaína. "Me quiero curar", dijo.
El tratamiento dura entre 10 y 14 días.
El periodista lleva décadas con el alcohol. Es una historia larga, pública, que él mismo ha puesto en la mesa muchas veces. Y lo que ocurre esta semana no es noticia por el medicamento —la ibogaína no es nueva. Es noticia porque vuelve a poner sobre la mesa algo que el campo del tratamiento lleva años discutiendo sin que los medios lo traduzcan bien.
¿Qué puede hacer un tratamiento de días cuando la enfermedad lleva décadas instalada?
La ibogaína tiene datos. Y tiene muertes.
El alcaloide que se extrae del arbusto iboga lleva décadas siendo estudiado. Los datos más sólidos vienen de la dependencia a opioides: una revisión sistemática de 2023 mostró que el 80% de los participantes reportó reducción drástica o completa del síndrome de abstinencia. Con cocaína, la abstinencia se mantuvo un promedio de 5,5 meses —y hasta 8,4 meses con sesiones repetidas.
Un estudio observacional del MAPS Project en México encontró que al mes de tratamiento, el 50% de los participantes con dependencia a opioides reportó cero consumo en los últimos 30 días. Eso no es trivial para ninguna intervención de sesión única.
Pero la ibogaína está prohibida en Chile y en Estados Unidos. Y tiene sus razones.
Hay 37 muertes documentadas asociadas a su uso. Arritmias cardíacas. Paros cardiorrespiratorios. El compuesto actúa directamente sobre el sistema de conducción eléctrica del corazón, lo que puede ser fatal en personas con condiciones previas no diagnosticadas. El neurólogo Carlos Silva Rosas advirtió esta semana que "puede tener riesgo de infarto" y que sus efectos dependen fuertemente del estado físico y psicológico de cada persona.
La clínica Beond de Cancún, donde se tratará Solabarrieta, ya estuvo en el ojo público: Presley Gerber, hijo de la modelo Cindy Crawford, se sometió al mismo tratamiento antes de morir.
Puede usarse con seguridad. Requiere selección médica rigurosa, monitoreo cardíaco y equipo especializado. No cualquier persona, no cualquier lugar.
10 días no cierran décadas
El trastorno por consumo de alcohol es una enfermedad crónica. El DSM-5 lo clasifica igual que la diabetes o la hipertensión: no como un episodio que se cierra, sino como una condición que exige seguimiento en el tiempo.
Un seguimiento de diez años a 850 personas con alcoholismo tratado —publicado en la revista Adicciones— mostró que solo el 37% alcanzó una recuperación completa y sostenida. La recaída en trastornos por uso de sustancias oscila entre el 40% y el 60% en el primer año. Son tasas comparables a las de la diabetes tipo 2.
Lo que predice si esa recaída ocurre no es la intensidad del tratamiento inicial. Es la calidad del seguimiento después. Acá explicamos por qué el cerebro recae incluso meses después de la abstinencia.
La ibogaína puede interrumpir el consumo. Puede abrir una ventana de lucidez en el cerebro adicto. Pero no toca los patrones de pensamiento que llevan años instalados. No interviene en los vínculos que sostienen el consumo. No trabaja los gatillos que van a aparecer el próximo martes en Santiago.
Eso ningún medicamento lo hace solo.
La adicción también elige el tratamiento
Nadie lo dice en los titulares.
Buscar un tratamiento corto no es solo una decisión de la persona. Es, con frecuencia, una característica de la enfermedad.
El cerebro adicto no quiere parar. Cuando la presión familiar, de salud o pública se vuelve insostenible, aparece la negociación interna: me trato, pero rápido. Me voy diez días, me curo allá y vuelvo.
Un tratamiento de diez días en el extranjero, caro, exótico, con nombre difícil de pronunciar, le pone un techo al compromiso. «Me curo allá» implica que la vida de acá no cambia. El entorno no cambia. Los vínculos no cambian. El trabajo emocional de largo plazo no empieza.
Esa maniobra —elegir lo corto para no cambiar lo largo— es la adicción protegiéndose.
Lo que muestra la evidencia sobre recuperación real
El NIDA —Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos— lleva décadas diciendo lo mismo sin que cambie: los tratamientos con resultados sostenidos combinan desintoxicación médica con un mínimo de tres meses de seguimiento activo en psicoterapia, trabajo con la red familiar y grupos de apoyo continuos. Tres meses como piso, no como techo.
No hay atajos. Hay procesos.
La ibogaína puede ser la puerta. Un primer paso que interrumpe el consumo y abre espacio para trabajar. Pero la puerta hay que cruzarla. Y lo que viene después ocurre en Santiago, no en Cancún.
Si buscas centros con tratamiento integral y seguimiento real en Chile y la región, puedes revisarlos en el directorio de centros de SinAdicciones.
Le deseo que vuelva distinto
Solabarrieta dijo «me quiero curar». Eso no es poco.
Querer es el primer ingrediente. El que falta cuando la negación todavía manda.
Pero la pregunta real no es qué pasa en Cancún. Es qué pasa el próximo martes en Santiago, cuando aparezca el gatillo.
Eso no lo resuelve la ibogaína. Lo resuelve el proceso de largo aliento, con un profesional, con tiempo, con la vida entera comprometida —no con diez días.
Le deseo que eso también ocurra.
Si estás pensando en tratarte —o si alguien cercano lo necesita— el primer paso es hablar con alguien especializado. En el directorio de profesionales de SinAdicciones encontrarás psicólogos, psiquiatras y centros verificados en Chile, México, Colombia, España, Argentina y Perú.
Fuentes
· T13.cl (3 oct 2026). En qué consiste el tratamiento con ibogaína que probará Fernando Solabarrieta.
· Meganoticias (1 oct 2026). Fernando Solabarrieta ingresará a clínica Beond, Cancún, terapia con ibogaína.
· Unlimited Sciences / NIH (2023). Adverse events of ibogaine in humans: updated systematic review. 37 muertes documentadas.
· MAPS Project. Observational Study of the Long-Term Efficacy of Ibogaine-Assisted Therapy: Mexico. 50% abstinencia al mes, 30 participantes.
· Revista Adicciones. Investigación longitudinal del alcoholismo tratado: seguimiento 10 años, 850 personas, 37% recuperación completa.
· NIDA (2024). Principles of Drug Addiction Treatment. Mínimo 3 meses de seguimiento activo.
· APA. DSM-5: Trastorno por consumo de alcohol — enfermedad crónica.
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