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Creatividad en recuperación: aprender a construir una vida donde antes solo había consumo

Nelson González12 de septiembre de 2026 · 13 min lectura
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Creatividad en recuperación: aprender a construir una vida donde antes solo había consumo

Durante mucho tiempo, frente a casi cualquier emoción yo tenía un camino bastante parecido.

Si estaba contento, podía consumir.
Si estaba triste, podía consumir.
Si estaba frustrado, podía consumir.
Si quería celebrar, podía consumir.
Si estaba aburrido, también.

Cuando el consumo se vuelve parte importante de la vida, deja de ser solamente una sustancia. Empieza a ocupar espacios, horarios, relaciones, rituales, pensamientos y emociones. Uno organiza parte del día alrededor de dónde conseguir, dónde consumir, con quién hacerlo, cómo ocultarlo o cómo recuperarse después.

Por eso, cuando uno deja las drogas, no queda solamente sin droga.

Queda un vacío.

Y creo que una parte importante de mi recuperación ha sido aprender que ese vacío no siempre hay que llenarlo inmediatamente. Primero hay que habitarlo.

Hay que empezar a conocerse sin esa vía de escape.

Ahí fue donde la creatividad empezó a tomar para mí un significado completamente distinto.

La recuperación puede ser aburrida

Hay algo de lo que se habla poco: en algunos momentos, la recuperación puede sentirse tremendamente aburrida.

Y creo que hay que decirlo.

La vida sin consumo muchas veces tiene menos caos. Hay menos intensidad, menos situaciones extremas, menos estímulos artificiales.

Eso es bueno.

Pero cuando uno viene de años funcionando con una intensidad altísima, estar tranquilamente en la casa puede sentirse extraño.

En mi caso, descubrí que el aburrimiento era uno de mis factores de riesgo.

Yo siempre he trabajado mucho. Me gusta crear proyectos, negocios digitales, pensar ideas y construir cosas. Mientras estaba ocupado, estaba bien.

El problema aparecía cuando terminaba.

Cuando ya había hecho todo lo que tenía que hacer y quedaban varias horas libres.

Ahí aparecía algo parecido a:

“¿Y ahora qué hago?”

Y mi cerebro conocía perfectamente un camino.

Salir.

Buscar gente.

Ir a algún lugar.

Exponerme.

No necesariamente pensando conscientemente “voy a consumir”, pero sí acercándome a ambientes que históricamente habían estado relacionados con el consumo.

Con el tiempo entendí algo bastante simple:

No basta con saber qué no quiero hacer. Necesito saber qué puedo hacer en su lugar.

El aburrimiento también aparece descrito en investigaciones sobre recaídas y reintegración después del tratamiento. En estudios cualitativos, algunas personas han relatado precisamente que la falta de actividades y estructura después de salir de tratamiento podía terminar acercándolas nuevamente al alcohol. (PubMed Central (PMC))

No significa que aburrirse produzca automáticamente una recaída.

Significa que, para algunas personas, puede convertirse en un escenario que conviene conocer y preparar.

En mi caso, definitivamente lo era.


Mi primer cambio: crear un “pack de aburrimiento”

Cuando entendí que el aburrimiento era un gatillante, empecé a pensar qué podía hacer cuando apareciera.

Yo ya tenía hobbies.

Desde joven había pintado, hecho murales, tatuado, practicado malabarismo, tocado instrumentos y hecho distintas cosas creativas.

Entonces preparé algo que llamo mi pack de aburrimiento.

No es nada sofisticado.

Es simplemente tener identificadas de antemano cosas que puedo hacer cuando aparece ese momento.

Por ejemplo:

pintar, tocar didgeridoo, hacer ejercicio, ver una película, llamar a alguien, salir a caminar, ir a una plaza, conocer algún lugar, acercarme al mar, aprender algo nuevo o simplemente cambiar de ambiente.

Lo importante es que esas alternativas estén pensadas antes de necesitarlas.

Porque aprendí otra cosa.

Cuando ya estoy aburrido, probablemente no es el mejor momento para empezar a diseñar mi estrategia.


Hacer visible la alternativa

Al principio tenía actividades que me podían ayudar, pero había un problema:

se me olvidaban.

Cuando aparecía el aburrimiento, mi cabeza recordaba mucho más rápido los caminos antiguos que los nuevos.

Por eso empecé a trabajar también el entorno.

Si quiero tocar un instrumento, intento que el instrumento esté visible.

Si quiero pintar, que los materiales no estén guardados al fondo de un clóset.

Si quiero entrenar, que exista un espacio preparado.

Esta idea coincide con algo conocido en el trabajo con hábitos: las señales ambientales hacen más probable que recordemos una conducta.

Para mí, en recuperación tiene todavía más sentido.

Porque no quiero depender exclusivamente de que, justo en un momento vulnerable, aparezca la motivación correcta.

Quiero que mi entorno también me recuerde quién estoy intentando ser.


Pero después descubrí otro problema

Los hobbies también pueden volverse aburridos.

Puedes pintar durante años.

Puedes entrenar durante años.

Puedes tocar el mismo instrumento durante años.

Y eventualmente deja de existir desafío.

Ahí entendí que creatividad no significa solamente tener actividades.

También significa saber transformarlas.

Por ejemplo, yo hacía ejercicio desde hacía tiempo. En press de banca estaba generalmente alrededor de los 70 u 80 kilos.

Entonces apareció un desafío:

quiero llegar a levantar 100 kilos.

Eso cambió mi relación con el ejercicio.

Había esfuerzo.

Había una meta visible.

El resultado dependía en buena medida de mí.

Y era suficientemente difícil para motivarme, pero suficientemente posible para no convertirse en una fantasía.

Cuando llegué a los 100 kilos, la sensación fue completamente distinta.

No había simplemente “matado tiempo”.

Había construido algo.

Y creo que aquí aparece una idea importante para cualquier persona en recuperación:

No siempre necesitas encontrar un hobby nuevo. A veces necesitas encontrar una nueva forma de hacer lo que ya haces.


Creatividad no significa ser artista

Cuando hablo de creatividad, no estoy pensando solamente en pintar, escribir, tocar música o hacer arte.

Para mí creatividad significa algo mucho más amplio:

tener la capacidad de generar respuestas distintas frente a una misma situación.

Y eso puede ser extremadamente importante en recuperación.

Durante mucho tiempo yo podía tener cien situaciones diferentes y terminar recorriendo prácticamente el mismo camino.

Hoy intento hacer exactamente lo contrario.

Quiero ampliar mi repertorio.

Porque mientras más alternativas tengo, menos dependiente soy de una sola respuesta.

De ahí salió uno de los ejercicios que más sentido me hace.


Ejercicio 1: una emoción, diez caminos

El ejercicio es sencillo.

Identifica una emoción, situación o gatillante.

Por ejemplo:

Estoy aburrido.

Ahora escribe diez cosas diferentes que podrías hacer.

Pero tienen que ser diez.

No cinco.

¿Por qué?

Porque creo que las primeras respuestas suelen ser las más automáticas.

Las primeras tres o cuatro aparecen casi inmediatamente.

Pero cuando llegas a la sexta, séptima, octava, novena y décima, tienes que esforzarte un poco más.

Y muchas veces ahí aparecen las respuestas realmente interesantes.

Un ejemplo:

Estoy aburrido. ¿Qué puedo hacer?

  1. Ver una película.

  2. Entrenar.

  3. Pintar.

  4. Escuchar música.

  5. Salir a caminar.

  6. Llamar a alguien que hace tiempo no veo.

  7. Conocer un lugar nuevo de mi ciudad.

  8. Buscar una actividad que nunca haya probado.

  9. Invitar a alguien a hacer algo que ninguno haya hecho antes.

  10. Aprender durante una hora algo que siempre me produjo curiosidad.

El objetivo no es realizar las diez.

El objetivo es entrenar algo diferente:

que mi cerebro comprenda que no existe una sola salida.

Este ejercicio no es una técnica clínica validada de prevención de recaídas; es una herramienta que he construido desde mi experiencia y que puede complementar un tratamiento o plan de recuperación.

Para mí la lógica es poderosa:

Durante muchos años tuve una respuesta para casi todo.
Hoy quiero ser capaz de crear diez caminos frente a un problema.


Ejercicio 2: el mapa de curiosidades

Hay otra pregunta que me parece muy importante:

¿Cuántas cosas no sabemos todavía que podrían gustarnos?

Yo muchas veces pienso en algo muy simple.

Nunca tuve un piano cerca durante suficiente tiempo.

Entonces realmente no sé si podría haber disfrutado muchísimo tocando piano, o incluso si podría haber sido bueno.

Nunca lo probé.

Y existen cientos de cosas así.

Por eso propondría crear tres listas.

Lo que alguna vez me gustó

Piensa especialmente antes del consumo o antes de que el consumo ocupara demasiado espacio.

¿Qué hacías de niño?

¿Qué actividad podías hacer durante horas?

¿Qué abandonaste?

Lo que siempre quise probar

Puede ser batería, fotografía, cocina, surf, escritura, carpintería, programación, boxeo, dibujo, jardinería, astronomía, idiomas, baile.

No importa qué.

Lo que nunca habría imaginado probar

Esta es probablemente la lista más interesante.

Cosas que normalmente dirías:

“Eso no es para mí”.

El ejercicio consiste en probar pequeñas cosas sin preguntarse inmediatamente:

“¿soy bueno?”

La pregunta debería ser:

“¿Qué me pasa cuando hago esto?”

¿Me genera curiosidad?

¿Pierdo noción del tiempo?

¿Quiero aprender más?

¿Me conecta con otras personas?

¿Me deja pensando después?

Primero curiosidad.

Después habilidad.


En mi caso: empezar batería

Yo ya tenía relación con la música.

Podría simplemente haber seguido haciendo exactamente lo mismo.

Pero precisamente ahí apareció la necesidad de crear algo nuevo.

Siempre me había llamado la atención la batería.

Así que decidí empezar clases.

No porque necesite transformarme en baterista.

No porque tenga que encontrar “mi pasión”.

Simplemente porque existe algo que me produce curiosidad y ahora tengo la posibilidad de explorarlo.

Y creo que la recuperación también puede ser eso:

darse permiso para descubrir partes de uno mismo que la adicción nunca dejó desarrollar.


Ejercicio 3: subirle un nivel

Elige una actividad que ya disfrutas.

Ahora pregúntate:

¿Cómo puedo hacer que vuelva a ser ligeramente desafiante?

Si corres 5 kilómetros, quizás prepararte para 10.

Si pintas, intentar un formato nuevo.

Si cocinas, aprender cinco platos que nunca hayas preparado.

Si tocas guitarra, aprender una canción difícil.

Si lees, compartir lo aprendido con otra persona.

Si haces ejercicio, establecer una meta concreta.

La clave para mí es una palabra:

ligeramente.

No necesitamos transformar cada actividad en una competencia.

Un desafío imposible genera frustración.

Uno demasiado fácil puede generar indiferencia.

Necesitamos algo que diga:

“No sé todavía si puedo hacerlo, pero probablemente sí.”


Ejercicio 4: creatividad absurda

Existe un tipo de ejercicio creativo que siempre me ha gustado.

Tomar objetos, ideas o proporciones y modificarlas.

Achicar algo enorme.

Agrandar algo pequeño.

Mezclar dos cosas que normalmente no tienen relación.

Por ejemplo:

¿Qué ocurriría si un lente fuera gigantesco y un vaso fuera diminuto?

¿Y si los mezclara?

Puede parecer absurdo.

Precisamente por eso sirve.

No estamos intentando construir un producto.

Estamos entrenando la capacidad de romper asociaciones automáticas.

Se puede llevar a la recuperación.

Pregúntate:

¿Cómo celebraría un cumpleaños si no existieran bares?

¿Cómo sería un viernes perfecto si no pudiera gastar dinero?

¿Cómo conocería personas si no existieran aplicaciones ni fiestas?

¿Qué haría con mi pareja si no pudiéramos usar pantallas?

¿Qué panorama podría crear con mi hijo utilizando solamente cosas que ya tenemos en casa?

Cuando quitas la respuesta habitual, obligas al cerebro a generar alternativas.

Ahí aparece creatividad.


Ejercicio 5: quitar una opción

Este ejercicio funciona casi al revés.

Toma un problema y elimina voluntariamente la solución más evidente.

Por ejemplo:

“Estoy aburrido”.

No puedes usar Netflix.

No puedes usar redes sociales.

No puedes ir a comprar.

Ahora:

¿qué haces?

La restricción puede generar creatividad.

Podemos aplicarlo a otras áreas:

Quiero juntarme con alguien, pero no puede ser en un bar.

Quiero celebrar, pero no podemos usar alcohol.

Quiero conocer personas, pero no puedo utilizar aplicaciones.

Quiero relajarme, pero no puedo usar el teléfono.

¿Qué aparece?

Muchas veces la creatividad comienza cuando desaparece la solución automática.


Ejercicio 6: crear recuerdos con otros

Durante años muchas experiencias sociales pueden quedar asociadas al alcohol o las drogas.

Entonces también necesitamos construir recuerdos nuevos.

Y eso no necesariamente tiene que hacerse solo.

Pareja.

Hijos.

Padres.

Hermanos.

Amigos.

Compañeros.

En algunos centros de rehabilitación donde estuve había juegos de mesa.

Yo prácticamente nunca había jugado.

¿Por qué?

Porque antes estaba el alcohol.

Estaba la droga.

No existía ese espacio.

Después descubrí algo extremadamente sencillo:

podíamos sentarnos alrededor de una mesa y pasarlo bien.

Parece pequeño, pero no lo es.

También es construir una memoria nueva.

Las investigaciones sobre recuperación han destacado precisamente la importancia de la conexión social. En estudios con personas en recuperación de trastornos por consumo de sustancias, la conexión con otros aparece estrechamente relacionada con identidad, significado, esperanza y empoderamiento. (PubMed Central (PMC))

Entonces una pregunta útil podría ser:

¿Qué recuerdo nuevo puedo construir esta semana con alguien que quiero?


Ejercicio 7: el mapa del vacío

Creo que este podría ser uno de los ejercicios más importantes.

Haz una lista:

¿Qué espacios ocupaba el consumo en mi vida?

No solamente horas.

Funciones.

Por ejemplo:

Para divertirme.

Para conocer personas.

Para tener sexo.

Para sentirme seguro.

Para celebrar.

Para olvidar.

Para acompañarme.

Para tolerar la soledad.

Para terminar una semana difícil.

Para sentir intensidad.

Para pertenecer.

Para dormir.

Para atreverme.

Luego toma cada uno y pregunta:

¿Qué necesito realmente aquí?

Porque quizá la respuesta no sea buscar una actividad.

Si consumía por soledad, probablemente necesito conexión.

Si consumía para sentir intensidad, quizá necesito desafío.

Si consumía para apagar ansiedad, probablemente necesito herramientas de regulación emocional.

Si consumía para pertenecer, necesito comunidad.

Si consumía para celebrar, necesito crear nuevos rituales.

Eso cambia completamente la pregunta.

Ya no es:

“¿Con qué reemplazo la droga?”

Es:

“¿Qué necesidad estaba cubriendo y cómo puedo atenderla ahora?”


No llenar el vacío demasiado rápido

También hay una advertencia que considero importante.

Creatividad no significa llenar cada minuto.

Porque uno también puede escapar de sí mismo haciendo cosas aparentemente saludables.

Trabajo.

Ejercicio.

Proyectos.

Relaciones.

Cursos.

Viajes.

Todo el día ocupado.

Y quizá sigo haciendo exactamente lo mismo que antes:

evitar quedarme conmigo.

Por eso creo que existe una etapa anterior a la creatividad.

Habitar.

A veces la respuesta correcta a:

“¿Qué voy a hacer?”

puede ser:

“Todavía no sé.”

Y tolerarlo.

Dejar que aparezca aburrimiento.

Observar qué pienso.

Descubrir qué necesito.

La creatividad debería aparecer después como construcción, no únicamente como otra forma de anestesia.


De distracción a propósito

Aquí es donde para mí todo empieza a cambiar.

Al principio muchas actividades pueden ser simplemente protectoras.

Hago ejercicio porque me ayuda.

Pinto porque me mantiene ocupado.

Toco un instrumento porque atravieso una tarde difícil.

Perfecto.

Pero con el tiempo aparece otra pregunta:

¿Hacia dónde está llevando todo esto mi vida?

En mi caso, parte de ese proceso empezó a conectar también con mi propósito.

Hoy trabajo en SinAdicciones y tengo contacto con personas que están recorriendo caminos parecidos.

Hago grupos.

Comparto herramientas.

Intento ayudar.

Eso además me obliga a hacer algo que anteriormente me costaba: acercarme a otras personas.

Entonces una actividad deja de ser simplemente una distracción.

Empieza a formar identidad.

Los modelos contemporáneos de recuperación personal suelen destacar elementos como conexión, esperanza, identidad, significado y empoderamiento. El marco CHIME —desarrollado inicialmente en salud mental y posteriormente aplicado también al campo de las adicciones— organiza precisamente esos componentes. (PubMed Central (PMC))

Por eso encuentro interesante pensar la creatividad como un puente hacia esas dimensiones.

No porque exista evidencia de que “ser creativo” por sí mismo evite recaídas.

No sería correcto afirmarlo.

Sino porque crear nuevas actividades, relaciones, desafíos y roles puede ayudar a construir una identidad y una vida que tengan significado.


Ejercicio 8: de actividad a propósito

Elige tres cosas que estás haciendo actualmente.

Y para cada una responde:

¿Qué me entrega?

¿Qué capacidad desarrolla en mí?

¿Con quién me conecta?

¿En qué tipo de persona me convierte si sigo haciéndola durante cinco años?

Ese último punto me interesa mucho.

Porque el propósito no siempre aparece como una iluminación.

A veces se construye observando la dirección de nuestras acciones.


La creatividad también puede ayudarnos a descubrir quiénes somos

La adicción puede ocupar tanto espacio que terminamos conociendo muy poco de nosotros mismos.

Quizá teníamos habilidades que abandonamos.

O quizá existen habilidades que nunca descubrimos.

Por eso yo no veo la recuperación solamente como recuperar al Nelson anterior.

Ese Nelson también tenía problemas.

Me interesa descubrir quién puedo construir ahora.

Y ahí la creatividad se vuelve mucho más profunda que simplemente “hacer cosas”.

Se convierte en la posibilidad de preguntarse:

¿Quién puedo ser ahora que ya no tengo que organizar mi vida alrededor del consumo?


Un desafío de siete días

Si estás en recuperación y quieres probar esta idea, puedes hacer este pequeño experimento.

No necesitas hacerlo perfecto.

Día 1 — Mi vacío

Escribe tres espacios que dejó el consumo en tu vida.

Día 2 — Diez caminos

Elige uno de tus gatillantes y escribe diez respuestas diferentes.

Día 3 — Algo olvidado

Haz durante al menos veinte minutos algo que disfrutabas antes.

Día 4 — Curiosidad

Investiga algo que siempre hayas querido aprender.

Día 5 — Desafío

Toma una actividad conocida y súbele ligeramente la dificultad.

Día 6 — Conexión

Invita a alguien a hacer una actividad diferente contigo.

Día 7 — Reflexión

Pregúntate:

¿Qué descubrí esta semana que no sabía de mí?

Ese último paso es fundamental.

Porque no estamos simplemente intentando mantenernos ocupados.

Estamos aprendiendo sobre nosotros mismos.


Recuperarse también puede ser crear

Durante muchos años mi cerebro aprendió rutas bastante marcadas.

Determinada emoción.

Determinada conducta.

Determinada recompensa.

Cambiar eso lleva tiempo.

Y por supuesto que la creatividad no sustituye terapia, psiquiatría, tratamiento especializado, grupos de apoyo ni las demás herramientas que cada persona pueda necesitar.

Pero sí creo que puede convertirse en una herramienta complementaria tremendamente poderosa.

Porque recuperar la libertad no consiste solamente en poder decir:

“No voy a consumir.”

También consiste en poder decir:

“Tengo otras opciones.”

Hoy entiendo el aburrimiento de otra forma.

Antes quería escapar inmediatamente de él.

Ahora intento preguntarme qué quiere mostrarme.

Tal vez necesito descansar.

Tal vez necesito compañía.

Tal vez necesito desafío.

Tal vez necesito crear.

Tal vez necesito simplemente quedarme ahí un rato.

Y después aparece la pregunta que para mí resume todo este concepto:

Ahora que la droga ya no decide cómo voy a vivir este momento, ¿qué quiero crear con él?

Durante muchos años tuve una sola carretera para demasiadas emociones.

Hoy quiero construir caminos.

Y quizá ahí está una de las partes más bonitas de la recuperación:

no solamente dejar atrás una vida, sino descubrir que todavía podemos inventar la siguiente. (PubMed Central (PMC))

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